domingo, 10 de julio de 2011

Gemas






LAS ASOMBROSAS Gemas
Caja enjoyada
Esta caja de oro del siglo XIX está decorada con un conjunto hermoso de gemas. La piedra central es un citrino. Está rodeado por un granate, una amazonita, dos perlas, dos aguamarinas, tres ágatas y tres amatistas. El labrado del metal embellece la caja que pudo ser utilizada como elemento decorativo.

Gemas, minerales apreciados por su belleza y durabilidad. Una gran cantidad de minerales son usados como gemas. Su valor depende, en general, de cuatro características: la belleza de la propia piedra, su escasez, su dureza y resistencia, y la pericia con la que ha sido tallada y pulida. Piedras como los diamantes, los rubíes y las esmeraldas representan una de las formas con mayor valor monetario. En tiempos de guerra o de crisis económica mucha gente convierte su riqueza en piedras preciosas, fáciles de transportar y de vender.
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PROPIEDADES ÓPTICAS
Turmalina
Parece que algunas gemas tienen dos colores diferentes al ser vistas desde distinto lado. Esta propiedad se llama dicroísmo, aparece porque en los materiales dicroicos la luz se absorbe de forma distinta según su ángulo de propagación. Este fragmento de turmalina, silicato complejo de aluminio y boro, ilustra esta propiedad: la mayor parte de la piedra aparece azul, pero algunas áreas, donde la luz llega con ángulos diferentes, se ven verdes.

La belleza de las gemas depende en gran medida de sus propiedades ópticas. Las más importantes son el grado de refracción y el color. Otras propiedades incluyen: el fuego, la exhibición de colores prismáticos; el dicroísmo, habilidad de algunas piedras para mostrar dos colores distintos según la dirección con que se observan, y la transparencia. El diamante es muy apreciado por su fuego y brillo, el rubí y la esmeralda por la intensidad y belleza de sus colores, y el zafiro estrellado por el asterismo —propiedad que provoca la aparición de inclusiones con forma de estrella—, tanto como por su color.
Ojo de tigre
El oscuro brillo del cuarzo ojo de tigre justifica el origen de su nombre. Una propiedad óptica, llamada brillo de ojo de gato, es responsable del aspecto de la piedra. En su origen, la roca contenía cristales fibrosos de asbestos, pero estos se han disuelto y se reemplazan por cuarzo y óxidos de hierro que reproducen su estructura. Estos cristales internos irregulares reflejan la luz, resplandeciendo como haría un verdadero ojo.

En el interior de algunas gemas, en especial en los ópalos, se pueden ver zonas brillantes que cambian de color y tamaño mientras se mueve la piedra. Este fenómeno, llamado juego de color, difiere del fuego y se debe a la interferencia y la reflexión de luz por pequeñas irregularidades y grietas dentro de la piedra. Los ópalos también exhiben reflexiones lechosas o ahumadas en su interior. Las gemas con estructura fibrosa muestran reflexiones internas parecidas a las que se ven en seda de agua o de muaré. Esta propiedad óptica, llamada brillo de ojo de gato, se aprecia en muchas gemas, en especial en el ojo de tigre y el ojo de gato.
Ópalos y juego de colores
Los ópalos, gemas compuestas por silicio y oxígeno, son apreciados por su iridiscencia. Este juego de colores centelleantes distintivo que muestran los ópalos preciosos proviene de una estructura única de esferas de silicio en capas. La luz, al atravesar las distintas capas y las grietas minúsculas del interior de la piedra, se desvía o refracta, creando destellos brillantes de color.

El aspecto de una gema vista con luz reflejada es otra propiedad óptica llamada lustre. Se caracteriza con los términos metálico, adamantino (el del diamante), vítreo (el del vidrio), resinoso, graso, sedoso, nacarado o mate. Tiene especial importancia en la identificación de las gemas no cortadas.
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IDENTIFICACIÓN DE LAS GEMAS
Las gemas no se pueden identificar siempre con la vista. Es por tanto necesario medir las propiedades ópticas que pueden ser determinadas sin dañar la piedra.
Un gemólogo usa un instrumento llamado refractómetro para medir la propiedad más característica de una piedra, su índice de refracción, que es la capacidad relativa de refractar la luz. También se emplea un instrumento llamado polariscopio para determinar si una gema posee refracción simple o doble. Las esmeraldas, las amatistas, los rubíes y los zafiros naturales y artificiales tienen refracción doble; los diamantes, las espinelas naturales y sintéticas, los granates y el vidrio muestran refracción simple (véase Cristales). Se utiliza un iluminador especial de campo oscuro dotado con un microscopio binocular para examinar el interior de las piedras y así determinar si su origen es natural o artificial, y para buscar inclusiones características de algún tipo de gema.
Estas pruebas suelen ser suficientes para identificar el número bastante escaso de materiales usados como gemas; de forma ocasional, sin embargo, se requieren otros instrumentos como el dicroscopio, que mide una propiedad llamada dicroísmo, o el espectroscopio que determina el espectro característico de absorción. Los gemólogos no utilizan nunca pruebas de dureza sobre piedras pulidas, una prueba que se asocia siempre al examen de gemas.
Otra prueba física aplicable sobre una piedra desconocida es la determinación de su densidad. Se usan distintos dispositivos de peso para su medida exacta, pero se pueden obtener aproximaciones con una serie de líquidos de densidad conocida. Si la piedra flota en un líquido con densidad relativa 4 y se hunde en otro con densidad 3, la suya estará entre estos límites y será próxima a 3,5.
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MATERIA DE LAS GEMAS
La tabla adjunta cataloga los minerales de las gemas preciosas o semipreciosas junto a sus nombres comunes. Vea los artículos independientes de muchos de ellos.
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GEMAS ARTIFICIALES
El término gema artificial se emplea para describir las imitaciones de una gema natural o las gemas sintéticas cuyas propiedades son idénticas a las naturales.
5.1
Gemas de imitación
Estas gemas pueden estar hechas con vidrio de pedernal, a veces se cubre con plata la parte de atrás para aumentar el brillo. Desde la II Guerra Mundial, los plásticos coloreados han reemplazado el vidrio, sobre todo en las joyas de fantasía o bisutería. El plástico es más barato, se moldea con más facilidad y es más ligero.
Durante el siglo XIX, las perlas artificiales se fabricaban soplando en granos huecos de vidrio y vertiendo en su interior una mezcla de amoníaco y de materia blanca extraída de las escamas de pescado. Un tipo mucho mejor de perla artificial, el abalorio indestructible, fue introducido poco después de 1900. Se hace de vidrio macizo con un agujero estrecho para que pase el hilo. En el exterior se aplica esencia de perla, consistente en escamas molidas de arenque, y se cubre con una laca transparente e incolora.
La mejor imitación de diamante es el titanato de estroncio, fabricado con una técnica de fusión a la llama. Su índice de refracción es casi idéntico al del diamante. Muestra una dispersión mayor, y así tiene mayor brillo y fuego; sin embargo, se ralla con más facilidad. El rutilo, u oxido de titanio, es una imitación más dura.
5.2
Gemas sintéticas
Son materiales fabricados de forma artificial que duplican las gemas naturales en sus propiedades químicas, físicas y ópticas. Las gemas sintéticas se pueden distinguir de las naturales con un microscopio ya que son más perfectas y no contienen irregularidades.
Los diamantes sintéticos fueron fabricados por primera vez en 1955. En este proceso, los compuestos carbonados se someten a presiones de 56 toneladas por centímetro cúbico y a 2760 °C de temperatura. Los diamantes así producidos sólo son apropiados para usos industriales.
A finales de la década de 1960 se desarrolló un método para el ‘cultivo’ de los diamantes, calentando una pequeña muestra y sometiéndola a gas metano. El gas se descompone en átomos de carbono que se adhieren al cristal de diamante. La estructura de este diamante agrandado es la misma que la del natural. Se pueden producir piedras de alrededor de 1 quilate (200 mg), pero su precio es mucho mayor que el de los diamantes naturales.
Los zafiros se fabrican en aparatos similares a las antorchas oxhídricas. La llama se dirige hacia un soporte de arcilla refractaria situada en el interior de una cámara aislada. El oxígeno gaseoso acarrea polvo fino de óxido de aluminio hacia la llama donde se funde en pequeñas gotas que forman en el soporte una taracea (o matriz) cilíndrica. El tamaño del zafiro resultante se controla variando el chorro de gas, la temperatura y la cantidad de polvo. Se pueden producir con esta técnica gemas de hasta 200 quilates (40 g). De ellas se han tallado rubíes y zafiros perfectos de hasta 50 quilates (10 g).
Los rubíes se fabrican con el mismo proceso añadiendo de un 5 a un 6% de óxido de cromo al óxido de aluminio. Se producen colores distintos del rojo usando otros óxidos metálicos. Se pueden producir estrellas en los rubíes y zafiros sintéticos con un exceso de óxido de titanio y con temperaturas superiores a 1000 °C. Estas estrellas aparecen más nítidas que las naturales.
Algunas esmeraldas tienen calidad de gemas, y se sintetizan con métodos que permanecen en secreto. Se distinguen de las naturales por un resplandor rojo bajo luz ultravioleta.
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TALLA DE LAS GEMAS
El modelado y pulido de las gemas para realzar su belleza y, en algunos casos, para eliminar defectos es llevado a cabo por trabajadores expertos denominados lapidarios. Su trabajo, pese a requerir mucha destreza, no es tan preciso como el de los cortadores de diamantes.
6.1
Materiales y equipamiento
Las gemas se moldean con tornos o discos giratorios abrasivos. Para minerales menos duros que el cuarzo se usan a veces tornos de arenisca natural, pero para piedras más duras, como los rubíes y zafiros, se emplean discos de carborundo (carburo de silicio) cementado.
El primer paso en el tallado de una gema es el aserrado de la forma aproximada. En este proceso se utilizan discos delgados abrasivos o de metal cargados con diamante u otro abrasivo en polvo. Estos tornos (llamados laps) están hechos de carborundo o de hierro fundido mezclado con abrasivos. La piedra que se quiere tallar se pega sobre el extremo de una vara, llamada dop, y se sujeta contra el lap con la ayuda de un bloque de apoyo situado cerca del torno. Este bloque contiene varios agujeros en los que puede descansar el dop. Moviéndolo de un agujero a otro, el lapidario puede controlar el ángulo de la faceta o cara que pule. Cuando la piedra tiene la forma requerida, se realiza un fino pulido en ruedas de madera o de tela cargadas con un abrasivo fino, por ejemplo polvo de colcótar o de trípoli.
6.2
Formas de las gemas
Tallas de gemas
Las gemas se tallan y dan forma de varias maneras para realzar sus cualidades que pueden ser su color, su lustre o su fuego. Un tallador elegirá una talla según las propiedades especiales de cada gema. Por ejemplo, las múltiples facetas simétricas de la talla de brillante intensifican el centelleo de un diamante, mientras que las superficies redondeadas de la talla o corte cabujón realzan la profundidad y el color de piedras como el ojo de tigre y el rubí. Pueden hacerse tallas a medida, para peticiones o engastes personalizados.

Entre las muchas formas dadas a las gemas, la más antigua y simple es el corte cabujón, en el que la piedra queda ligeramente redondeada. Este corte es esencial si se quiere apreciar una estrella o un ojo de gato; es el más satisfactorio para el ópalo, la piedra lunar y las gemas opacas de colores. Las piedras con este corte suelen tener la parte de atrás redondeada; esto puede ser ventajoso para mejorar el aspecto, pero normalmente es para dar a la gema mayor peso.
En la talla de diamantes, así como otras piedras, se emplean varias formas típicas de facetas, con las que dan a la gema una cantidad determinada de planos de simetría. El corte más común es el del brillante. En él, la cima de la piedra se muele en forma de superficie plana, conocida como tabla, desde la que las facetas parten hacia la zona más ancha, conocida como guirnalda. Debajo, surgen nuevas caras con un ángulo algo mayor hacia otra superficie plana pequeña, el engaste, paralelo a la tabla, en la base de la piedra. Las piedras con el corte usual del brillante tienen 32 facetas junto a la tabla en la parte superior de la gema (llamada corona o bisel) sobre la guirnalda, y 24 caras junto al engaste en la parte inferior (conocida como pabellón o base) bajo la guirnalda. En casos excepcionales, el número de facetas puede incrementarse con algún múltiplo de 8. Estudios científicos han calculado las proporciones de los tamaños y las inclinaciones de las facetas para obtener el máximo brillo de una gema concreta.
Además del corte circular del brillante, las piedras pueden ser talladas con facetas de distintas formas: cuadradas, triangulares, de diamante y trapezoidales. El uso de estas tallas depende en gran medida de la forma inicial de la piedra. Los rubíes, los zafiros y las esmeraldas grandes suelen cortarse en cuadrados o rectángulos con una tabla amplia rodeada de un número pequeño de caras suplementarias. El corte de las esmeraldas, también usado con frecuencia en diamantes, se parece al del brillante, pero tiene una gran faceta cuadrada o rectangular en la cima y un total de 58 caras, aunque se pueden usar más o menos, sumadas o restadas, en múltiplos de ocho.
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GRABADO DE GEMAS
Los diseños se graban sobre piedras preciosas o semipreciosas bien como camafeos, en los que el relieve del dibujo sobresale de la superficie, o bien como intaglios, donde el diseño está grabado en la superficie hacia su interior. Los intaglios solían ser utilizados como sellos en impresiones sobre cera o arcilla húmeda.
La técnica del grabado de gemas requiere, en todas las piedras duras, el uso de una herramienta giratoria de metal. Se fija la muestra a un asidero de madera y se mueve contra la herramienta. Esta no ejecuta el grabado, sólo frota un polvo abrasivo contra la superficie de la piedra. Es probable que en la antigüedad, se usara para este propósito el esmeril, pero desde la época romana se ha usado una mezcla de polvo de diamante y aceite.
7.1
Grabado antiguo
El corte de intaglios empezó en el cuarto milenio a.C. en Mesopotamia, durante las civilizaciones elamita y sumeria. Los primeros sellos, hechos de piedra, solían ser cilíndricos y estaban suspendidos con un cordón. Este arte alcanzó su cima alrededor de el 2800 a.C., con tallas elaboradas sobre cristal de roca cilíndrico, que solían tratar de las aventuras del rey mítico Gilgamesh. Hacia el primer milenio a.C. el arte se había extendido a lo largo de Asia Menor y Egipto. Aunque la forma cilíndrica seguía siendo común, los sellos en cúpula y cónicos con superficies planas se hicieron populares. Los egipcios adoptaron en un principio el cilindro, pero luego produjeron sellos de diversas formas, incluyendo la del escarabajo sagrado, muchas veces tallado en alguno de los cuarzos coloreados, como la amatista, la carneliana o el jaspe. A diferencia de otros pueblos de Asia Menor, grababan símbolos en vez de escenas pictóricas, y aunque usaban cuarzos en sus grabados, la materia que más utilizaban era la porcelana. Las primeras gemas cretenses estaban esculpidas en esteatita blanda, pero alrededor de 1700 a.C. se emplearon piedras más duras, como la calcedonia. Alrededor de 1100 a.C. se practicó por primera vez el grabado de sellos para reyes.
La escultura sobre gemas de Grecia y Roma suministra una historia en miniatura del arte de todos los periodos en que se practicó. Las gemas griegas del siglo VI a.C. se tallaban en ágata, carneliana y calcedonia; este último fue el más popular hacia el siglo VI a.C., aunque también se empleaba lapislázuli, ágata, jaspe y cristal de roca. Las gemas del periodo helenístico, desde el 330 a.C. aproximadamente, se realizaban sobre una gran cantidad de piedras, incluyendo granate, berilo, topacio, sarda, ágata y amatista. El uso de vidrio como sustituto de las piedras preciosas fue introducido en esta época. Los camafeos, hechos de ordinario de alguno de los cuarzos en capas (como el sardónice) o de vidrio coloreado, aparecieron en la Grecia helénica los artesanos romanos; consiguieron piezas de gran valor artístico. Los camafeos se utilizaban como artículos de adorno personal, como broches y alfileres. Las gemas intaglio romanas solían usarse como sellos de emperadores.
7.2
Resurgimiento en Europa
Hacia el siglo II d.C., el grabado de gemas declinó en Asia Menor; los mejores ejemplares de esta época son los talismanes fabricados por los herejes gnósticos. Con frecuencia enlazan con el simbolismo del culto a Mitra. En Europa, hasta el siglo VII, se grababan algunas gemas, en general para los anillos de cargos eclesiásticos o nobiliarios, pero este arte declinó hasta el final del siglo XIV cuando aparecieron los grabados florentinos y alemanes. En Italia se promocionó con el mismo ardor con el que la familia Medici coleccionaba gemas. A pesar de que los artistas del renacimiento basaban sus diseños en los de los griegos y romanos, emplearon una libertad de interpretación que hizo únicos sus trabajos. Por otra parte, el resurgimiento que tuvo lugar en los siglos XVIII y XIX produjo obras tan parecidas a los originales clásicos que es muy difícil distinguirlas.
Materiales de las gemas y nombres

MATERIAL DE LA GEMA
NOMBRES DE GEMAS
Berilo
Esmeralda, aguamarina, berilo dorado
Calcedonia
Carneliana, heliotropo, calcedonia, ágata, ónix
Crisoberilo
Alejandrita, ojo de gato, zafiro amarillo
Corindón
Rubí, zafiro
Diamante
Diamante
Granate
Grosularia, piropo, demantoide, hessonita
Jadeíta
Jade
Nefrita
Jade
Ópalo
Ópalo negro, ópalo de fuego, hidrofana
Peridoto
Peridoto, crisolita
Cuarzo
Amatista, cornalina, ojo de tigre, ojo de gato, jaspe
Espinela
Rubí balaje, espinela azul, espinela de fuego
Topacio
Topacio
Turmalina
Rubelita, esmeralda de Brasil
Turquesa
Turquesa
Zircón
Jacinto, jargón

La erupción del Vesubio






A LA SOMBRA DEL VESUBIO
Pompeya, ciudad embalsamada en lava y ceniza

PRESAS DE LA MUERTE. Por todo Pompeya, hombres, mujeres y niños fueron atrapados por cenizas ardientes cuando trataban de huir, y yacen para siempre inmóviles desde el momento de su último suspiro...

 UN hombre yacía sobre la vía pública, y en su mano aferraba unas monedas de oro. Es posible que fuera un ladrón. Es posible que hubiera tardado muchos años en ahorrar ese dinero. Nunca se sab. Cualquiera que fuera su derecho sobre el oro, su destino fue sujetarlo en la palma de la mano durante más de 1,500 años, enterrado bajo lava y ceniza hasta que se descubrió su cuerpo en el siglo XVIII.

Era un ciudadano de Pompeya, residencia de verano de los romanos pudientes, próxima a la bahía de Nápoles, que fue destruida de modo apocalíptico en un día horroroso: el 24 de agosto del año 79 de nuestra era. El volcán Vesubio entró repentinamente en erupción y, al tiempo que destruyó la ciudad, la conservó para siempre.

Los comerciantes cerraban las puertas de sus establecimientos para marcharse a comer. Unas muchachas hablaban de sus cosas junto a la fuente de una esquina. La mujer de un panadero acababa de introducir 81 barras en el horno. En una taberna, alguien pagaba el vino que iba a tomar. Y entonces, de modo totalmente repentino, se produjo el primer corrimiento de tierras.


La muchacha que atendía a los clientes no esperó a tomar el dinero que le tendían. Los panecillos se quedaron en el horno y hoy se pueden contemplar, convertidos en sólida ceniza, en un museo de Nápoles.

Fueron muchos los que escaparon en aquel momento, ya que el terremoto sólo representaba los primeros estiramientos de los músculos del volcán. Pero otras personas se hallaban ligadas a la ciudad por lazos demasiado fuertes.


Fuga desesperada

Un grupo de personas fue descubierto asistiendo reverentemente al funeral de un amigo. Otros fueron sepultados mientras ocultaban sus objetos de valor. Otros se escondieron en sus casas y trataron de protegerse por todos los medios contra el implacable poder del volcán. Otros cargaron en carros sus pertenencias e interceptaron las vías que cruzaban las estrechas puertas de la ciudad.
Cuando el Vesubio se aplacó 28 horas más tarde, Pompeya se hallaba sepultada bajo seis metros de lava y ceniza y habían perecido 2,000 de sus 20,000 habitantes .
La ciudad y su tragedia fueron olvidadas durante muchos siglos, hasta que en el año 1748, un ingeniero del rey de Nápoles, llamado Alcubierre, inspeccionó un túnel que había sido labrado bajo las ruinas 150 años antes para tomar agua del cercano río Sarna.
Casualmente practicó su primer pozo en el barrio comercial de Pompeya y desenterró un brillante mural. También descubrió el cadáver del pompeyano que sujetaba las monedas de oro. Alcubierre continuó enérgicamente sus excavaciones aunque no sin peligro.
En 1763, Joseph Winckelmann, hijo de un modesto zapatero alemán, se sintió fascinado por los secretos de Pompeya y llegó a ser un experto en la historia de la ciudad.
Pero los orgullosos funcionarios que controlaban el lugar le impedían visitarlo. Winckelmann insistió una y otra vez, estudiando los hallazgos y sobornando a un capataz para entrar en las excavaciones. Con su experiencia, adquirida tras grandes esfuerzos, dedujo de un cúmulo heterogéneo de reliquias la historia de seis siglos de vida en la antigua ciudad marítima de verano de los acaudalados de Roma.
Pero Winckelmann fue asesinado por un ladrón en Trieste en 1767, antes de poner fin a sus trabajos.
Transcurrió otro siglo hasta que el arqulogo Giuseppe Fiorelli introdujo la actual metodología científica de excavar lentamente, casa por casa y calle por calle, para no perder nada de cuanto ofrezca interés.
Sorprendentemente, todavía quedan dos quintas partes de Pompeya por desenterrar. Lo que la lava aún oculta pudiera ser mucho más admirable que las maravillas halladas hasta ahora.

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